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Compartir en twitter Compartir en facebook 11/04/2013
“Conexión Samanta” comparte el día a día con los que sólo piden un techo

Faltan cuatro días para que María, una mujer de 74 años, participe en una protesta contra el banco que la quiere desahuciar. La anciana lleva toda su vida trabajando para pagar su piso: ahora, lo va a perder por avalar con él a su hijo Pedro. Él tiene 45 años y se compró un hogar en el centro de Guadalajara. La letra de su piso fue subiendo, él se quedó sin trabajo y, de repente, llegó un momento en que no pudo afrontar su hipoteca. Hace dos años le desahuciaron de su casa, dejándole sin otra opción que volver a casa de su madre. Ahora, los dos luchan para evitar que el banco ejecute el aval y mande a subasta el piso de María.

En Sólo pido un techo (que Cuatro emitirá el jueves 4 de abril a las 0.15 horas), Samanta Villar será testigo directo de la angustia de un hijo por volver a vivir en casa de su madre y de la desesperación de ella por mantener lo último que le queda. La periodista será testigo de los problemas derivados de la convivencia y de la determinación de María por llegar hasta el final para defender lo suyo: “Es lo único que tengo, y para eso he trabajado toda mi vida”. Sin embargo, es consciente de lo delicado de su estado actual: “Voy a perder más de 50 millones de pesetas. No espero nada de la vida”. María advierte que, cuando la vaya a desahuciar, es posible que “encuentren mi cadáver en la cama de matrimonio”. Y añade: “Ha habido muchos que lo han hecho, y lo entiendo perfectamente”.

Mientras tanto, Pedro sigue luchando y se adapta como puede a su nueva vida: “Es volver un poco a lo que era tener 15 años. Mi vida ha sido muy bonita, pero las cosas se han torcido y he tenido que volver a casa de mamá”. Pedro no puede reprimir las lágrimas al evaluar su situación: “Aunque no lo parezca, es más triste de lo que uno cree: sí, estás muy a gusto en casa de tu madre, pero no es lo normal”.

Plataforma de Afectados por la Hipoteca

Pedro reconoce  que recibe ayuda de psicólogos y de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, que los acogió a él y a María para apoyarles en su lucha. Miles de personas miran esperanzadas la sentencia europea contra la ley española de desahucios, en la que se especifica que no se ajusta a la norma comunitaria. Para muchos afectados, significa ver la luz al final del túnel, pero María no es tan optimista, porque su hijo ya ha sido desahuciado y no está claro que la sentencia vaya a tener efecto retroactivo. Para ellos, es muy probable que llegue tarde: “Es un poquito de esperanza, pero lo vemos muy difícil”.

Samanta acompañará a muchos afectados en las protestas contra los bancos que les han quitado su casa. Allí recogerá algunos testimonios desgarradores, como el de una mujer que afirma pasar todos los días por delante de su casa y se indigna al verla vacía: “¿Por qué no me la dejan en un alquiler social?”. El portavoz de la PAH en Guadalajara se hace una pregunta aún más incisiva: “¿A quién le parece bien esto? ¿A quién le parece bien?”. “Nos tratan como a perros”, se queja otra afectada. “Y se piensan que no queremos pagar. No: no podemos pagar. Si no tenemos trabajo, ¿de dónde pagamos?”.

Samanta también hablará con Rafael Mayoral, el portavoz nacional de la PAH. Según le cuenta a María, todo lo que han hecho para poner a subasta su piso es ilegal según la normativa europea. Mayoral afirma que, tras la sentencia de Estrasburgo, “se abre un escenario en el que vamos a luchar por todos, porque la que estamos viviendo es una situación muy seria. Pedir justicia y pedir el cese de la violación de derechos humanos no es un delito, sino una obligación de las personas individuales frente a las entidades privadas y públicas”.

Ocupas por necesidad

José Manuel y Lourdes viven en Córdoba, tienen dos hijos y han ocupado su propia casa. A ellos les desahuciaron hace unos meses, por lo que decidieron meterse de nuevo en su casa para no quedarse en la calle. Son el prototipo de familia media que, al quedarse en el paro, no pudo seguir pagando las letras del crédito. Ahora viven cada día con miedo de que la policía vuelva a desalojarles.

En la actualidad, ninguno de los dos tiene ingresos, ni cuentan con prestación social alguna. Samanta acompañará a José Manuel a cobrar los recibos de una asociación de vecinos del barrio: “a cambio, me dan comida y me ayudan en lo que pueden”. Para él, se trata de una situación enormemente humillante. La expresión que más repite es la vergüenza que siente al verse así. Por su parte, Lourdes aclara que ahora “somos okupas, pero nosotros hemos sido familias trabajadoras. Nos echaron, y lo que hemos hecho ha sido okupar nuestra propia casa”.

La vida en las corralas

En Sevilla, Samanta conocerá a las vecinas de la Corrala de la Utopía, situada en el barrio de La Macarena. Se trata de unas mujeres que, tras haber sido (en su mayoría) desahuciadas de sus casas, decidieron okupar un bloque de viviendas vacías. Ellas han marcado el paso, porque han surgido muchas iniciativas similares en la ciudad. Allí conoceremos a Manuela y veremos cómo es vivir sin agua y sin luz. Según ella, “esto es cómo se vivía cuando yo era pequeña, es muy duro”. Ella avisa: “El que se crea que okupar es fácil, está muy equivocado”.

Samanta acompañará también a Mario, otro vecino de la Corrala, a cargar su móvil en una tienda de alimentación: este es sólo uno de los muchos inconvenientes de vivir sin electricidad. Las noches son, sobre todo, las más duras en la Corrala de la Utopía: es cuando sus miembros se dan cuenta de lo difícil que es estar sin luz. Al día siguiente, la periodista asistirá a una mesa de negociación en la sede del Defensor del Pueblo, para intentar solucionar el problema de la corrala y responder a sus demandas: alquiler social y acceso a agua y luz.

http://www.formulatv.com/noticias/30430/conexion-samanta-contara-lucha-diaria-personas-victimas-deshaucios/